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Un día te das cuenta, el tiempo ha pasado y sigues en el mismo lugar de siempre.

 

Sigues teniéndole miedo a las despedidas y sigues sin saber si existen finales felices. Sigues esperando y desesperándote, y aprendiendo a rimar insomnio con todo.

 

Las noches se convierten en jaulas y los días te matan sin pedir permiso.

 

Un día te das cuenta de que estás un poco vacío por dentro que, sólo de pensarlo, te entra vértigo, y es que actúas como si el mundo no doliese.

 

Escribes. Borras.

 

Cierras los ojos. Los abres.

 

Lloras. Miras el techo con ese blanquecino y el ruido de la TV de fondo.

 

Duermes pocas horas. Vueltas.

 

Detienes alarmas.

 

Y te preguntas por qué y hasta cuándo. Desearías dormir más tiempo, despertar y poder decir que tienes toda la energía para afrontar el siguiente día.

 

Pero empiezas a pensar que quizá sean lo mismo.

 

La gente te mira, sonríes, y qué sabrán ellos de lo de adentro. De eso que tanto duele cuando en el intento de olvidarlo se hace más presente.

 

Qué sabrán de tus ganas de vomitar todas esas esperanzas que han caducado y que ahora sólo te dan dolor de cabeza.

 

Y cómo sabrán que ese brillo de tu mirada no son ilusiones, sino lágrimas que nunca aprendiste a derramar.

 

Gritos envasados al vacío.

 

A tu vacío. Al que todo el mundo guarda en algún lugar .

 

Y te pones una canción triste y subes el volumen. Pasas a otra y cuando has pasado dos o tres más ya todo suena igual.

 

Quizá, piensas, mañana todo irá mejor.

 

Pero no.

 

Mañana seguiremos aquí, en el mismo lugar de siempre, y seremos las mismas coordenadas de un mapa en el que no sabemos encontrarnos.

 

Y así es un poquito la vida, como un concurso de a ver quién muere mejor.

 

O más rápido.

 

O algo parecido.

 

Ansiedad.

 

Respira.

 

No lo sé, tengo esa sensación, de que nos estamos acostumbrando demasiado a ser precipicios.

 

A precipitarnos.

 

A dejarnos caer.

 

A sonreír cuando nos disparan y a decir que no nos ha dolido mientras nos arden las venas.

 

A maquillarnos, a disfrazarnos y a quedarnos muy quietos cuando queremos escapar mientras aguantamos el tipo.

 

Y así no vamos a ninguna parte.

 

Y ya está.

 

Ojalá ver qué hacemos con toda esa felicidad que nos debe la esperanza. Es nuestra.

 

Cerrad los ojos. Apretad los dientes y no nos queda más remedio que seguir luchando.

 

Yo no creo en los deseos, pero a veces sería bonito hacerlo…

Creo que no existen los imposibles, que solo sobran los cobardes..

 

Creo que otro mundo es posible, que aquí nunca es tarde; que un segundo puede durar toda una vida y una vida puede cambiar en un segundo.

 

Creo que la risa es algo serio y hasta eso hay que tomarlo en broma, que la meta es disfrutar el camino, que solo ahora se escribe el destino.

 

Creo que no hay amor sin libertad, que de fantasías se hace la realidad; que no hay que perseguir a quien se va, que si quiere volver ya v…olverá..

 

Que no hay que olvidar a quien está, porque lo que es, ya no será.

 

Creo en la gente, en la que siente, en la que abre la mente y entiende que para ser iguales, primero, hay que aceptar que somos diferentes..

 

Creo en los sueños que duermen poco, en los cuerdos que parecen locos, en los besos que van del alma a la boca, en tu piel sin ropa.

 

Creo en los que van tropezando, porque esos son los que andan volando; en los que andan perdidos, porque esos son los que se van encontrando.. por mi camino.

 

Agradecimiento a :♦ Un baño al día da alegría ♦ por tanta inspiración a diario os comparto con una chispa de Jesserika.net

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