El campo . Ramón y Alejandro
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¡Qué dolor de cabeza!

 

Sentía un dolor punzante y una sed insoportable, abrí la pequeña nevera que tengo en mi habitación. Tomaba una botella con agua cuando me di cuenta que en mi cama dormía plácidamente un joven moreno de gran trasero. Sorprendido,  no era capaz de  recordar que me lo traje del aquel antro y menos que me había acostado con él. Debió ser un buen polvo aunque no recordaba mucho ya que el alcohol me dejo pequeñas lagunas de lo ocurrido la noche del sábado.

Ya era tarde, pronto saldría hacia mi retiro vacacional y debía despertarle, no sabía ni su nombre.

–        Disculpa… ¿Jorge? ¿Adrián? ¿Ernesto? – dije un poco avergonzado de no recordarlo.

–        Mario, guapo, me llamo Mario. Me respondió un poco somnoliento, pero de una manera sensual.

Era muy guapo.

–        Lo siento, no soy bueno para los nombres.

–        No te preocupes, pero después de la noche que pasamos, creía,  pensé que tal vez pudiésemos intent…

–        ¡Para, para, para!  Mira Mario, solo fue un polvo, no seremos nada, lo siento, pero en un rato me tendré que ir, es mejor que te vayas .. Dije de la manera más segura.

Se irguió rápidamente de la cama visiblemente enfadada, se vistió de la misma forma y en un minuto se escuchó un portazo. Lástima, era guapo, pero Ramón no sería de nadie, y menos de un niñato de los que salen así de casas ajenas. El dolor de cabeza seguía, decidí que tomar un baño y prepararme para el viaje sería una buena opción para relajarme y que el dolor de cabeza me dejara descansar.

Entré al baño y unos pequeños chupetones en mi cuello me llamaron la atención. Sonreí .Fue una buena idea, el dolor de cabeza se fue, y con todos los pendientes del viaje no hubo más tiempo para el dolor.

¡Pero que tonto, no me he presentado! Primero, ya saben mi nombre Ramón, el más pequeño de 7 hermanos. Segundo, tengo 21 años  y acabo de terminar la carrera, pero me falta la tesis. Tercero, me describiré un poco, mido 1.75 m, pelo negro, ojos grises, marcado no en exceso. Y desde mi punto de vista guapete.

Ya estaba todo listo, inicié el viaje hacia la finca en  Jaén, no la visito desde hace 11 años, es una bella y enorme residencia  destinada al descanso en verano para mi familia. Después de la muerte de mis abuelos ninguno de mis hermanos había pisado aquellos lares.

 

La finca estaba a las afueras de un pequeño pueblo y  tenía que pasar por todo el centro para llegar a ella. Estaba perdido y veía la belleza de las casas cuando…

–        ¡Cuidado!

Escuché el grito, paré en seco. Provenía de un joven al que estuve a punto de golpear. Baje inmediatamente del coche.

–        Disculpa, andaba distraído ¿estás bien?  estaba preocupado.

–         No creas que por tener un gran coche, no  puedes pasar algo.  Dijo en un tono que ya me empezaba a irritar.

–        Dije que lo siento, además que no te pasó nada, todo fue un susto.

–        Mira riquillo, no me molestes porque soy capaz de romperte…

–        ¿Golpearme? Atrévete .Dije con una pequeña risa burlona.

Respiró profundamente, se dio la media vuelta y se fue, dejando a la vista ese lindo trasero. Me molestó su actitud, pero admito que era guapo, de mi edad, mucho más alto que yo, con barba, un auténtico hombre de pueblo pero, con cierto aire de elegancia. En fin, tenía que encontrar la finca, y preguntando se llega a Roma. Con las indicaciones de unos buenos samaritanos pude llegar a mi destino. Vi la gran construcción unos metros antes de llegar y las puertas del recinto  en Jaén se abrieron a mi llegada. Aparqué  en la puerta de la casa y tres empleados me esperaban, el capataz, su esposa que es la cocinera y su hijo Jaime, con el que tuve una gran amistad de pequeño.

 

–        Ramón, que gusto de verlo .Dijo el capataz de una manera sincera.

–        Buen día Anselmo. Sara, que guapa estás y tú Jaime, que grande  estás. Dije feliz.

–        Buen día joven – dijo Jaime un poco tímido.

–        ¡Nada de joven!!nos conocemos desde niños . Dije mientras caminábamos hacia la hacienda, yendo sus padres delante de nosotros.

–        Lo siento, pero es que han pasado 11 años de la última que nos habíamos visto.

–        No te preocupes, espero que retomemos esa amistad.

Llegamos a la habitación principal, nunca había dormido allí, era cómoda. Toda la tarde estuve hablando con Jaime de las travesuras que hicimos juntos con  nuestros hermanos.

Dormí un rato antes de la cena, el viaje me había dejado exhausto. Tomé un baño, y me vestí de una manera casual, unos vaqueros  pegados y una camisa blanca. Estaba a punto de salir de mi habitación cuando escuche voces que hablaban en la cocina.

 

Baje lentamente por las escaleras, tratando de no hacer ruido para no interrumpir la conversación. Sin duda, una de las personas era Sara, pero la otra voz no la lograba identificar, aunque la había  reconocido.

–        No pude mamá, Alicia me tiene harto con sus berrinches.

–        Pero si solo llevaban tres meses.

–        Es una niña caprichosa, no aguanté más.

–        Alejandro,  hoy no fue tu día.

–         Y para rematar casi golpeo a un ricachón.

Alejandro, como no recordarlo, es el hijo mayor de Sara y Anselmo, sin duda me alegró que tendría cerca a ese hombre y me dio más alegría que tal vez pueda vengarme de ese mini escándalo en el pueblo.

–        Me llamo Ramón, por si te interesa. Dije de manera muy directa y por sorpresa. Su cara fue un poema, entre sorpresa, enfado y detecté un poco de ¿alegría?

–        Jo…ven Ramón. Dijo tartamudeando, me miro de pies a cabeza y salió corriendo de la cocina.

No pude contenerme una carcajada mientras Sara me miraba extrañada. Le conté lo que había pasado, mostrándose apenada por el comportamiento de su hijo mayor. Aunque le aclaré que el problema era con él y que no haría nada en su contra. Sin duda la cena sería muy interesante.

ALEJANDRO

¡Mierda! ¡La cagué! Amenacé al hijo pequeño de los jefes. ¡Mierda!  ¡Mierda!   Me tiene en sus manos, y no sé por qué, pero no me desagrada la idea. ¿Por qué pienso en eso? Sus ojos me dejaron totalmente sorprendido, descolocado y un poco humillado.

Jamás he sido bueno con las disculpas, así que no será fácil pero voy a intentarlo…

Continuara…

 

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