Infiel
1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (2 votos, promedio: 5,00 de 5)
Cargando...

Era domingo por la mañana, muy temprano. Estábamos todavía en la cama y mi marido ya no podía dormir, estaba inquieto. Yo quise aprovechar la situación porque me encanta el sexo por la mañana.  Así que me arrimaba para que tuviera mi trasero a su alcance, me rozaba contra él, pero parecía como que no me interpretaba.

Se levantó y se dio una ducha. Yo en la cama estaba caliente y mientras lo esperaba me incentivaba con los deditos, me desnudé y lo esperé haciéndome la dormida. Cuando lo escuché entrar en la habitación sentí su mano en mi espalda y el fuego que tenía dentro mío, se avivó. Más todavía cuando me besó en la mejilla y me susurró al oído que si me despertaba, él tenía un plan para los dos. A eso le respondí como su gatita con un ronroneo. Pero su plan era que me levantara para ir a pasar el día al club.

Estaba en llamas, pero me fui a dar una ducha en la que lejos de apagarme, fantaseaba con que entrara y me hiciera el amor bajo el agua. Pero otra vez, me tuve que quedar con las ganas. Al contrario, me apuraba para que pudiésemos llegar bien tempranito.  Él estaba apurado para conseguir lugar en la parrilla del club antes de que otros llegaran. Apenas llegué a ponerme el bikini y una pequeña falda. A la salida del barrio, mi marido conocía una panadería donde cada mañana veía a los obreros comprar por una puerta secundaria, antes de que abrieran el comercio.

Así que se detuvo el coche, pero no podía estacionar porque no era permitido en esa avenida. Así que me mandó para que comprara el pan y algunas cositas más, primero no lo pude creer, me morí de vergüenza al bajar antes de las ocho de la mañana casi en traje de baño para comprar el pan.

Me dirigí a la puerta que me señaló, llamé y me atendió un empleado vestido completamente de blanco, le expliqué, pero todavía no habían terminado de hornear. Así que me dijo que si quería podía esperar como veinte minutos o volver más tarde. Le pedí si podía entrar a esperar adentro, ya que no me sentía cómoda en la calle con mi atuendo. Dudó por unos segundos, pero sonrió y asintió con la cabeza y me dejó pasar.

Mientras, le mandaba un mensaje a mi marido para avisarle del retraso, alcé la vista y noté como el empleado tenía sus ojos enfocados en mis tetas. Trató de disimular, y me sacó conversación. Yo le pregunté por el proceso del pan y gentilmente me ofreció mostrarme la instalación. Pero era una constante notar que aunque parecía querer  disimular, era imposible ver que sus ojos, siempre terminaban en mis tetas. Y como yo también estaba algo calentita ya desde la mañana temprano, le seguí  el rollo y me gustó provocarlo un poquito. Así que cuando le pillaba mirándome, le contestaba con una sonrisa pícara.

Cuando mi marido recibió mi mensaje, me llamó para preguntarme como cuánto tiempo podría tardar. Mientras hablaba con él, en un descuido me ensucié un poco el brazo con harina, entonces él panadero me ofreció un paño para limpiarme.

Me pareció un lindo gesto, pero además, le extendí el brazo y él me limpió. Y ese contacto me volvió a encender, y a él también. Casi como un reflejo me sacudí con la mano entre mis pechos e inmediatamente el muchacho aprovechó la oportunidad para hacer que me limpiaba. Fue imposible disimular lo que me pasaba, mis pezones me denunciaron cuanto me había gustado… claramente se hicieron notar, la mirada lasciva del muchacho se incrementaba al paso de los minutos.

Yo tomé de un recipiente que había sobre una mesa, algo de crema pastelera mientras colgaba a mi marido y explicarle que tenía que esperar unos minutos más  porque el horno estaba muy caliente. Metí un dedo en la crema y me lo chupé suavemente, mi lengua y la mirada firme del muchacho recorrían mi dedo. Y con mi otra mano ponía un poco de crema sobre mis tetas.

Cuando el muchacho me las quiso limpiar,  saqué el paño y él siguió con sus manos, pero fueron unos segundos, me estaba limpiando con su lengua a lo que le colaboré corriendo mi corpiño y poniendo algo más de crema sobre mis tetas y especialmente en mis pezones. Eso estuvo muy rico, me encantó que me comiera las tetas.  Desde allí, quiso bajar, besando mi barriga, y aunque me daba muchas ganas de que continuase, lo levanté, nos comimos la boca y me di vuelta como para que me apretara contra la mesa. Ahí fue donde comprobé como estaba su hombría, firme y dura!

Ese momento despertó todo lo que todavía quedaba dormido y reprimido,  no quedó límite. La pasión no reconocida en mi cama fue aprovechada por un humilde empleado de panadería que me estaba haciendo sentir muy complacida. Nos comíamos apasionadamente la boca, sus manos se habían adueñado de mis tetas y su miembro apoyado sobre mi trasero para provocar toda mi fantasía.  Como también creo le sucedía a él.

Subió mi falda a la cintura, sacó su pene del pantalón, me la apoyó justo como para que la apreciara, por lo mismo que me sorprendió. Cada cosa que hacía permitía que el fuego lejos de apagarse, se mantuviera muy encendido. Y el tamaño de ese miembro pasó a ser la razón de la fantasía del momento. Como descreyendo y pensando que la euforia me estaba engañando, bajé mi mano a acariciarlo, no fue suficiente, así que me agache  con la razón de chuparla un poco probando aquel bendito placer, ahora con todos mis sentidos pude comprobar lo que no era un sueño. Me era imposible poder meter todo eso en mi boca, pero quería y tenía  una gran curiosidad, deseo, por saber de una vez como se sentiría lo que tantas veces me había imaginado. Y mientras la chupaba, literalmente se me hacía agua la boca, pero quise aprovechar bien esa oportunidad y ponérsela bien dura y lubricada para que me la metiera. ¡Mi sexo deseaba esa polla! Y era como si le mandara señales a mi cabeza para que no perdiera más tiempo y pasáramos al siguiente nivel.

Justo en el momento en que me subía al borde de la mesa con mis piernas abiertas esperando que él terminara de bajarse los pantalones, vuelve a sonar mi teléfono y claro, era mi marido que impaciente por la espera ,me informa que se va a ir a comprar las otras cosas que necesitábamos para el club y que si se demoraba algunos minutos más, que tuviese paciencia. Como pude disimular, porque aprovechándose de la situación, el muchacho había ya corrido mi bikini y se estaba devorando  mi muy mojada vagina, mientras yo trataba de explicarle a mi esposo que no había problema, han tenido que calentar bien el horno y justo estaban por abrirlo y llevaría unos minutos más todo el proceso,  por eso era que me notaba tan agitada

  • No te imaginas como calentó el horno este hombre! – le expliqué…

Corté la conversación con la sensación de que ese día que había comenzado con tanta desilusión,  aunque la jornada acababa de empezar.  Ya se estaba alineando todo el universo a mi favor. El joven se levantó y bastó que lo mirara para que supiera que me moría de ganas por que me la pusiera dentro .Yo, caliente y nerviosa. ¿Cómo se sentiría esa polla? No sé si habrá sido algo fuera de rango, pero nunca me había tocado una así.

Todo eso  pasó, cuando suavemente la arrimó y dejó que fuera yo quien  la metiera, seguramente era consciente de la herramienta que usaba. Me colgué de su cuello y de a poco me la fui comiendo hasta que una buena parte estuvo adentro. Entonces me recosté en la mesa y me entregué toda para que me hiciera suya. Fue maravilloso, yo estaba tan excitada que no necesité otro lubricante más que los míos, y lo mismo fue lo que me permitió que estuviera preparada para abrirme más de lo habitual. Sentí que me llenó, pero al mismo tiempo me llenaba de placer. Y cuando tomó el control y me la empezó a meter más adentro perdí toda la noción de la realidad, y como si fuera una fantasía, ya no controlé más mis acciones. Es como que sólo me concentraba en gozar esa polla, ya que no sabía si alguna vez volvería a tener algo así.  Sentí varias veces que acababa y no frené ninguno de los gemidos. Se la comí con toda las ganas, además de esa maravillosa sensación de satisfacción y placer. Estuvimos así por unos minutos, donde cada estocada que me daba me calentaba más y más con cada envestida. Podía sentir como su pene penetraba cada centímetro y me volvía loca deseando que me llenara con su elixir.

Cuando más caliente parecía que estaba, porque me cogía con muchas ganas, me la sacó y me guió para que bajara de la mesa. Me dio vuelta y cuando me agachaba para que me la meta de atrás, él suavemente me bajó y sacó la braguita del bikini, momento que aprovechó para abrirme el trasero  y chuparme toda. Hasta me dio el gustito de gozar de su lengua en mi ano.  Pero eso fueron sólo unos segundos, enseguida se paró detrás mío y ahora de una, metió toda su carne en mi. Así fueron algunas embestidas hasta que sacó la polla y en mi espalda sentí como me derramaba su leche calentita y acabado se terminaba recostando contra mí. Nos reímos juntos por un momento pero ya consumado el acto, traté de limpiarme todo cuanto pudiera la harina que tenía en mi cuerpo y sobre todo él me ayudó con la leche de mi espalda. Me vestí, me dio una bolsa de pan y otras masas. Nos comimos un vez más la boca y me fui a la puerta, justo a tiempo cuando llegaba mi esposo.

Me dijo que a las 2 am, él entraría a trabajar. Subí a la camioneta, mientras nos íbamos, yo todavía casi temblando con toda la pasión vivida, mi marido  me preguntó por qué tenía tanta harina en el cuerpo, Le respondí que no podía creerlo, él tuvo la idea de que le comprara el pan, me tuve que meter a esa panadería por él, me ensucié toda con la harina que había!

Y encima me criticaba…La mejor escusa fue hacerme la enojada y al llegar al club, por supuesto lo primero fue una buena ducha…

Descarga este relato para leer en tu tablet o ebook reader

Regístrate o Identifícate para acceder

 


¿Te ha gustado, si o si? Sugerencias, críticas, opiniones… ¡Gracias! 😉

¡No te pierdas ningún relato! Suscríbete ahora para recibirlos en tu email.

6 comentarios en “Infiel

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *