Letras con olor a tabaco y alcohol
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Y sentada en el sofá me miré las manos, las veo extrañas aunque son las mías. Siento la sangre golpear las puntas de los dedos, me comienzan a temblar con el pensamiento que cruza mi mente en éste instante. Pienso en la edad, en la vejez y en como he desperdiciado muchos años de mi vida haciendo cosas que no me llevaban a ningún lado. Bueno, algo he aprendido pero lo siento insuficiente. Dicen que la vida es un sueño, y quizá tengan razón, los últimos años han pasado muy rápido dejando recuerdos muy dolorosos en mi alma y mi corazón.

Sacudo la cabeza intentando quitarme ese pensamiento oscuro de ella, intento guardar en un lugar profundo de mi memoria la idea de que cuando quiera volver a darme cuenta de lo rápido que pasa la vida quizá sea el día de mi muerte o lo que es peor aún, en mi lecho de la misma. Junto a todos los momento duros por los que he pasado, siempre ha habido rayos de luz que me daban fuerza para seguir adelante también hay recompensas personales que, aunque no me llevan a ningún lugar ni me han recompensado económicamente, la satisfacción personal que he sentido al hacerlas  valía por todo lo demás.

Hay mucha gente que piensa que tengo un don, y para qué negarlo puede que sea así, yo desde luego no lo veo por ningún lado, simplemente los golpes de la vida te enseñan comportamientos y acciones que indican  el comportamiento que tendrán los demás hacia su persona o hacia la tuya misma. Podemos encontrar personas de todo tipo, pero creedme, las buenas no abundan, siempre hay quien se cree más listo de lo que es. Se puede pecar de juventud ante la experiencia del grupo de gente con la que te encuentras. Podemos encontrar aquel tipo de personas,  da igual hombre o mujer, que estarán dispuestos a pisarte, mentir con tal de intentar ponerse por encima de ti e intentar demostrarse a sí mismos que haciendo mal a los demás pueden salvarse su propio trasero y demostrar a la gente de su alrededor que pueden quedarse por encima de cualquiera aunque tengan que hacer lo que sea por conseguirlo.

He sobrevivido a todas esas situaciones, incluso a aquellas en las que debes enfrentarte a alguien que tiene una muy buena posición económica, un trabajo estupendo y  Ego demasiado grande como para que un/a don nadie como yo, con ropas normales y con lo opuesto a sus virtudes materiales se enfrente y acabe por mirar al suelo cada vez que nos cruzamos por la calle.  Esa es la mejor sensación del mundo.. Creedme, he podido ver a personas con un ego enorme, rebajarse ante las palabra de una don nadie, es una sensación fascinante, como diría el Rey Emérito me ha llenado de orgullo y satisfacción ser ésa don nadie.

Con este recuerdo tan positivo mis manos han empezado a describir , a mostraros como es el mundo visto desde los ojos de alguien que sueña con superarse, con hacer las cosas que le gustan, en mi caso escribir, con vivir y viajar más allá de los lugares con los que sueña una persona normal, un trabajo, una casa, un par de hijos y una vida estupenda pensada solo para vivir para trabajar y consumir, pensada para y por los estereotipos  de los nuevos amos, de la nueva esclavitud a la que nos someten unos pocos.

No, no penséis en ningún partido político, mi intención no es la de convencer a nadie para que piense igual que yo, ni me voten en ningún lado, por mi parte soy apartidista y tampoco soy una oradora tratando de conseguir fieles para alguna secta de las que se pueden ver expandidas por toda la faz de la tierra. Simplemente voy a escribir éste apartado para que tod@s podáis saber lo que reside dentro de los pensamientos de ésta escritora anónima que piensa que no hay un lugar en el mundo para mí, una escritora que en muchos momentos no he sabido lo que hacía en este mundo, cual era mi camino, para qué había nacido, el desconocimiento de mi vocación, tan fácil para algunos encontrarla y tan difícil para mí saber el Sino de mi nacimiento.

Ahora, mucho más tranquila que cuando comencé a escribir éste artículo y los pensamientos me llevaban hasta la oscura y el frio que representa la muerte, me siento con ganas de iros contando cómo poco a poco he ido aprendiendo a sobrevivir sóla, a luchar contra la gente que intentaba imponerme sus criterios y las crueles enseñanzas que tenían para una mujer, una chica rebelde que se revelo contra todo aquel que la presionaba para ser eso, una don nadie, una chica que tendría que permanecer casada con sus hijos y una casa que no era suya, sino de un Banco usurero que estaría dispuesto a perseguirme hasta los confines de mis días hasta que acabase de pagar una deuda aumentada y unos abusos hipotecarios a los que estar sacrificando el resto de mi vida para poder vivir una vejez tranquila. Lejos de ese final, aquí me encuentro con 33 años, divorciada, sin un Amo que me explote, una hija preciosa de 9 años y sin ninguna hipoteca. Toda la vida para poder hacer lo que quiero y lo que me gusta.

Ahora soy mucho más fuerte que antes, las lágrimas no caen por mis mejillas, todo lo contrario, solo caen cuando siento impotencia por no poder salvar alguna situación incómoda. Mi madre siempre me decía cuando era pequeña que parecía que no tenía sentimientos, la falta de sensibilidad en una niña o en una preadolescente  era poco habitual en mi ¿o no?.  Ella presuponía que las novelas y las películas que salían por la tele debían tocar mi corazón  y mi sensibilidad de vez en cuando.

Fuera de lo que ella pensaba no era así, lo que les pasaba a las personas que salían por la televisión no me afectaban lo más mínimo, ella pensaba que deberían tocar mi sensibilidad las personas de los programas de búsqueda de personas, los programas que engañaban aparentemente a otras personas que recibían sorpresas de familiares que vivían lejos o de los mismos que habían permanecido enfadados durante décadas.  Lejos de lo que ella pensaba si, si que tocaban mi sensibilidad aquellos programas de búsqueda de familiares, amigos o posibles padres, la tocaban en exceso, por eso siempre intentaba entretenerme con otras cosas, prefería la música, los juegos de mesa, leer o simplemente estar en la calle con mis amigas y vecinas antes que ver una realidad  donde,  por lo que había escuchado yo tenía un padre, un señor que dejo abandonada a mi madre el día de su boda  ya embarazada de mí.  Un señor al que nunca había visto y en el pueblo de donde nos habíamos escapado y en el colegio donde mi madre decidió escolarizarme ya me habían juzgado, juzgado a una niña de apenas 5 años que no sabía quién era ese señor por lo que era culpable de ser hija de madre soltera, culpable de no saber por qué.  Culpable ante los ojos de gran parte de mi propia familia de ser quien era, de tener su sangre, culpable ante los ojos de mis compañeros de clase, que habían sido envenenados por sus padres en casa para que me trataran como la hija de una puta.  Culpable ante los ojos de los vecinos de aquel pueblo que era mi casa  donde  me miraban y observaban  para chismorrear por detrás de las ventanas y de los visillos. Culpable ante los ojos de dios en aquel colegio, ante los ojos de las monjas por no tener un padre, por no tener una madre con una buena posición, culpable por unos pecados heredados de alguien que no conocía. Culpable de ser quien soy.

 

Una vez que me acostumbre y acepte  ser culpable de ser quien era tras la muerte de mi abuelo, una persona que me quiso y me crió  como a su propia hija,  nació en mí una nueva yo, alguien que siendo ya culpable decidió revelarse ante el mundo y comenzar a pecar por libre. (Sonrió al escribir esto) Me encanta esa sensación de libertad, esa sensación de ser indomable, esa sensación de hacer lo que me da la gana cuando me da la gana, esa sensación impulsiva que a veces me lleva a hacer cosas que no debería, esa sensación es la que sigo para ponerme al mundo en mi contra y hacer todo lo que mi corazón y mi conciencia me dicen que haga. Quizás aunque lo estés leyendo no lo entiendas, no te pido que lo hagas, sólo te pido que sigas leyendo y te dejes llevar por los que algunos dirían que es locura y otros simplemente dirían que el delirio al que te voy a llevar con mis artículos no te enseñaran nada, pero ¿sabes una cosa? Se equivocan, porque lo único que te estaré contando será una experiencia de vida, mi experiencia, mi vida.

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