Rizos de Carbón II

Apenas tenía unos minutos para recomponerme, José Antonio estaba subiendo ya por las escaleras de mi portal, cada día, como cada vez que quedaba con él, los nervios se adueñaban de mi estómago, ese hombre me atraía de una manera infernal, era tal mi atracción que mi piel quemaba con cualquier contacto suyo.

Corro al baño con el fin de retocar el maquillaje que me había puesto para él, y justo cuando había acabado de retocarme suena el timbre de la puerta, era él. Trago saliva, me miro en el espejo y  allí está el con la más seductora de las sonrisas, una mano apoyada en el marco de la puerta y otra en los bolsillos del pantalón.

Se acerca y me da un beso apasionado sujetándome por la cintura, pude oler su piel y sentir el perfume que se había echado para mí, se lo devuelvo y ya siento mis piernas temblar, como casi siempre cuando estoy en sus brazos. Mis manos empezaron a tener vida propia y acariciar sus hombros, cuello y espalda para finalizar en su pecho.

  • Hola, estas preciosa. Me dijo.
  • Hola, tú también. Sonreí.

No dejé que dijese nada más, a estas alturas yo ya tenía el calor de su lengua y de sus manos en otro nivel. De nuevo comencé a besar su cuello y me deslice para poder besar el ovalo de su oreja, José Antonio reacciono justo como yo quería, me rodeo con sus brazos y deslizo su mano derecha hasta mi trasero, dando un masaje a mis nalgas mientras yo, al no ver ni un ápice de rechazo a lo que estaba sucediendo, tire del pañuelo que tenía atado en su cuello y me apresure en desabrochar los botones de su camisa azul favorita mientras continuaba mordiendo su cuello de arriba abajo.

Ambos muy excitados comenzamos una lucha de lenguas y de desenfreno para ver quien despojaba de la ropa al otro más rápido, mi camiseta acabo colgada de una silla del comedor junto a la suya, me cargo entre sus brazos hasta llegar a la mesa principal y se puso de rodillas para besarme los tobillos e ir subiendo paulatinamente hasta la rodilla, sus manos masajeaban mi trasero, me beso la parte interior de los muslos subiendo poco a poco hasta llegar a mi sexo, beso , inspiro y mordió los alrededores de la zona hasta volverme casi loca.

  • Hueles tan bien que te comería hasta las bragas.

Aquello me ruborizo tanto que no pude contestarle, intente controlar mi respiración pero sus manos comenzaron a acariciarme la espalda, subiendo poco a poco y dibujando el contorno de mis costillas con el dedo corazón, del ombligo ascendía  dibujando una línea hasta mis pechos con su lengua, subió y subió hasta mi cuello buscando desesperadamente mi boca, aquella que ardía en deseos de besarle y morder sus carnosos labios. Y así lo hice, bese, y recorrí con mi lengua todos los rincones de su boca hasta que sentí su miembro endureciéndose, en aquel momento de entrega y pasión escuche como se resquebraja mis medias hasta romperlas en su totalidad en la entrepierna, sentí el calor de su cuerpo y mientras seguía besándome y acariciándome se desabrocho el pantalón, lo dejo caer y se volvió a agachar besando otra vez mi cuerpo semidesnudo a su antojo.

Expuesta y semidesnuda encima de la mesa del comedor deje que hiciese conmigo lo que él quisiese, al fin y al cabo era suya, como el mío. Rompió mi tanga y comenzó a rodear con su lengua mi clítoris, lamio, beso y chupo cada rincón de mi sexo hasta volverme loca introduciendo su lengua dentro de mi haciendo que gritara su nombre.

Irguiéndose, y separando mis piernas volvió a besarme, sujetó su miembro con una mano y con la otra se agarró a mi cintura, con la punta de su miembro recorrió mi vagina de arriba abajo, humedeciendo toda la zona, refrotando todo su miembro con mi sexo, es algo que me vuelve loca cuando lo hace y además me besa.

Poco a poco su miembro endurecido se lubricaba gracias a mi vagina, y en un segundo su glande atravesó los muros de la misma y suavemente se introdujo dentro de mí, comenzó a bombear mientras me besaba y me pellizcaba los pezones, después de unas pocas embestidas llegue al orgasmo pidiendo más ya que el todavía no lo había conseguido y embistió y embistió hasta que mi orgasmo acabo, una vez pasado ese momento, me bajo de la mesa y se apoyó en ella, me volvió a besar y me encarame sobre su cadera, al ver mis intenciones me sujeto por el trasero y volvió a introducirse dentro de mí, esta vez la que ansiaba más de José Antonio era yo. Así que me agarre a su cuello y comencé a moverme, primero con movimientos circulares, luego como una experta jinetera acelere el paso, una y otra vez, tire de su pelo hacia atrás, me agarre del pelo de su pecho, una y otra vez, estaba a punto de tener otro orgasmo y cuando él lo noto, me introdujo un dedo en el ano, se tumbó sobre la mesa, me movió escandalosamente e  hizo que explotásemos un orgasmo repentino.

Nuestra sesión de sexo y de amor había acabado, con un par de palmadas sobre mi trasero me dijo:

  • Ve a cambiarte, eres increíble.
  • Gracias tú también.
  • Que sepas que le voy a cobrar a tus labios tus miradas.
  • ¡Eso es una canción José!
  • Como tu cuerpo. Me dijo guiñándome un ojo.

Y yo con cara de boba asentí y me fui directa a mi habitación

 

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