Cap. 2. Deja vu

El cielo estaba encapotado, como es común en Forks, pero para nosotros era especial de muchas maneras.
Aunque no era necesario, nos sentamos sobre el mullido césped entre las flores.
Edward se había propuesto darme clases de humanidad, y yo estaba ávida de aprender ésos hábitos, sobre todo para evitar que a Charlie le de un ataque al corazón.

– ¿Cómo te sientes? Me preguntó, tomando mi mano entre las suyas.
– Muy bien, pero todavía me cuesta un poco hacerme a la idea de que a partir de ahora podremos estar en paz. Le contesté mirando sus ojos dorados profundamente.
– Pues tendrás que acostumbrarte. Me dijo tomando mi barbilla para acercar mi cara a la suya y besarme, le devolví el beso con ganas, pero luego él se apartó y suspiró.
– ¿Puedo pedirte algo? Pregunto esbozando su sonrisa torcida.
– Claro ¿Qué quieres? Murmuré
– Quiero que practiquemos con tu escudo un momento. Pidió.
– Mmm…no lo sé. Simulé dudar.

– No puedo concentrarme si me atacas cada vez que intento mostrarte algo…
– Por favor, me portaré bien. Prometió, mientras hacía un círculo por encima de su cabeza con el dedo.
Ante esto no me quedó más remedio que reírme, mientras pensaba que no necesitaba una aureola para ser un ángel.
– Está bien. Le dije.

– ¿Quieres ver algo en particular? Le pregunté.
– No, sorpréndeme. Dijo.
Entonces, le sonreí, tomé su cara entre mis manos y cerré los ojos para
concentrarme.

En ese momento comenzó a tararear mi nana, para no perder los estribos, supuse.
Comencé mostrándole recuerdos humanos y por lo tanto, borrosos. Cuando me invitó a Seattle, el recuerdo de nuestro primer beso, la llegada al campo de béisbol y mi caída en el lodo, sus días en mi casa durante mi recuperación, el baile de graduación, la mañana después de que regresáramos de Italia, él curando mi herida en el claro, la noche en que me dio el anillo de compromiso…
Luego pasé a recuerdos en esta nueva vida, que estaban cargados de las sensaciones que había experimentado en esos momentos: la primera entrada en nuestra casa, mi primera caza, el pulso con Emmett, Nessy con la roca entre sus manitas tratando de reducirla a polvo, el recuerdo de nuestra piel brillando a la luz esa tarde, todos sus besos…
Pero esto fue demasiado y reaccionó como siempre y aunque esperaba que sucediera de un momento a otro, fue incluso mejor de lo que esperaba.

Besó primero mis labios, luego mi clavícula de un lado a otro, mientras yo lo atraía hacia mí rodeándolo con mis brazos, aferrando mis manos a su pelo y respondía a cada uno de sus movimientos como si fuéramos un solo ser.
Fuimos recuperando el control pausadamente y luego nos apartamos, su rostro resplandecía con una felicidad difícil de describir con palabras.
– Bella, no creo que hayas comprendido muy bien cómo me afectan los pensamientos de los demás. Explicó.

– Los percibo cargados de sentimientos, por lo que cuando me enseñas las sensaciones que experimentas al estar junto a mí, estas se suman al infinito amor que yo siento por ti y entonces no puedo controlar mi reacción.
– Bueno, en todo caso, creo que mejoraste un poco tu control. Le dije.
– Sí, eso parece, fue estupendo amor, gracias.
– De nada, pero esto amerita un premio extra. Agregué.
– ¿Un premio extra? ¿Qué quieres decir?
– Te quiero enseñar un recuerdo más; es muy corto, pero es uno de mis favoritos. Expliqué.
– ¿Sí? ¿Y cuál es? preguntó divertido.
Entonces cerré mis ojos y expulsé otra vez el escudo hacia el exterior.
Esta vez me concentré en el día en que cazábamos Renesmee, Jake y yo, cuando ellos competían para ver quien conseguía la presa más grande, y la niña puso los ojos en blanco.
Me apresuré en volver a poner el escudo en su lugar antes de que el resto de esa memoria acudiera a mi mente, ya que no quería arruinar el momento pensando en Irina.

– ¿Crees que podrías adivinar la razón por la que es uno de mis recuerdos predilectos? Pregunté.
Lo pensó durante unos instantes, mientras me miraba a los ojos con intensidad, como lo había hecho tantas veces durante mi vida humana, tratando de encontrar la respuesta en ellos.

– Nuestra pequeña es preciosa y ese vestido que tenía puesto le sentaba muy bien pero no… no se me ocurre… Porque además es muy corto como dijiste… no lo sé. Murmuró esperando mi respuesta.

– Bueno. Comencé, aunque no podía creer que no lo hubiera adivinado.

– El gesto que hizo la Nessy, me recordó mucho a ti. Le dije sonriendo.

– Vi muchas veces esa expresión en tu rostro.
Edward soltó una leve carcajada, pero parecía nervioso y emocionado. Acaricié su rostro y él tomó la mano que había puesto sobre su mejilla.
– Gracias, es hermoso. Me dijo acercándose para besarme una vez más.
En ese momento recordé a Alice y la dichosa celebración.
– No quisiera arruinar este momento. Murmuré

– Pero, ¿tienes alguna idea de lo que está planeando Alice para esta noche?.
La atmósfera cambio al instante y él suspiró antes de contestar.
– Ella está tan feliz como todos en este momento y…– no terminó la frase, parecía renuente a responder. Eso era un mal augurio.
– Oh, vamos Edward. Le presioné. Contéstame.
– Está bien, pero tú lo quisiste. Me dijo

– Planea una gran fiesta, con mucha decoración, música, fotografías, y…tomo un profundo respiro antes de añadir. Baile.
– Lo sabía. Farfulle cerrando mis ojos.

– Lo voy a hacer mal, haré el ridículo, esto quedará para la historia. Argumenté

– Si mi baile mejoró tanto como mi sentido de la moda será un desastre, ya estoy oyendo las burlas de Emmett…

Las palabras me salieron a tal velocidad, que Edward no tuvo tiempo de interrumpirme, y estaba tan ensimismada, que no reparé en que él me sostenía acunando mi cabeza contra su pecho.

– Bella, Bella calma, lo harás bien. Dijo

– No puedo creer que aún tengas dudas sobre eso. Lo harás bien, lo sé. Me susurró y besó mi frente.
Eso me tranquilizó, después de todo ahora yo era un vampira y para nuestra especie todo lo físico era pan comido.
Se apartó para observar mi rostro, y al notarme más serena, sonrió.
– Además creo haberte oído decir una vez que bailar conmigo no era tan malo ¿cierto? Añadió y me atrajo contra él nuevamente.
– Sí. Respondí y respire profundo llenando mi cuerpo con su esencia.
– Ahora deberíamos regresar. Me dijo.
– Está bien, vamos. Acepté resignada.
– ¿Estoy en lo cierto si digo que ahora no te apetece hacer una carrera? Preguntó.
– Sí, estás en lo cierto, cuanto más nos tardemos, mejor.
Edward se echó a reír y me tomó de la mano y caminamos a paso humano de vuelta a casa.
Nos vestimos para la ocasión, pero con nada pomposo, me puse un conjunto azul que, por supuesto, mereció los halagos de Edward, me arreglé el cabello y fuimos a la casa grande.
Jake había regresado a Renesmee antes de lo que hubiera esperado, supuse, para demostrar madurez y también para que le diéramos oportunidad de repetir la experiencia, lo que; estaba segura, ocurriría.
Rosalie, según me explicó Edward, le tenía un conjunto de ropa listo para la ocasión y debo admitir que le iba muy bien.
Todo era como Edward me había anticipado… o casi.

Alice había adornado todo con flores, por lo que no pude evitar la sensación de deja vú que me en ese momento, aunque puse mucho empeño en que no se notara.
Esta era la primera fiesta sólo de vampiros a la que asistía, así que todo era nuevo para mí.

La habitación sólo tenía varias mesas con flores y manteles blancos, una ocupada por el tablero de ajedrez especial de cinco tableros unidos de Jasper y Emmett, algunas sillas, un aparatoso equipo de audio y un piano, además de la iluminación tenue y un espacio vacío; la pista de baile.
Música clásica sonaba suavemente en el equipo y el aroma de las flores impregnaba el ambiente.
Todos estaban apropiadamente vestidos, pero ahora yo estaba en equilibrio con ellos y eso me hizo sonreír.
Nuestra hija, que estaba de espaldas a la puerta charlando con Rosalie; que usaba un vestido rojo tan escotado que daba miedo verlo, al vernos se dirigió a nosotros con sus graciosos andares.
Le tendí un brazo, ella tomó mi mano, y le dio un tierno apretón antes de abrazarme y luego a Edward, que se había doblado de forma de quedar a su altura, para besar su mejilla.
Alice, sin perder tiempo, comenzó a sacar fotografías desde ese momento.
– ¿Dónde estaban ustedes dos? Preguntó Emmett en un tono entre divertido y sugestivo, antes de esbozar una malévola sonrisa.
– Métete en tus asuntos, Emmett. Le conminó Edward. Pero por la carcajada que soltó nuestro hermano hubiera preferido que mi marido no le contestara, ya que esto equivalía a una confesión.

Alice nos hizo varias fotografías, a cada pareja con Nessy y luego programó la cámara para la foto familiar.
Y así se mantuvo casi toda la noche, retratando cada momento. Por su entusiasmo, parecía estar disfrutándolo mucho; esto era predecible, ya que era la primera fiesta que organizaba en mucho tiempo, sin restricciones de ningún tipo.
– Bueno. Dijo Esme, tratando de cambiar de tema ¿Les gustaría hacer un campeonato de ajedrez? acercándose a la mesa de los tableros.
Todos aceptamos su propuesta y comenzamos a jugar.
Alice jugó en primer lugar con Edward, que era el único que estaba en condiciones de competir con ella.
Yo competí con Emmett, que me hundió. Esme jugó con Jazper y ganó ella. Y por último compitieron Rose y Carlisle y ganó este último.

Así jugamos otro rato, mientras Nessy nos miraba muy entretenida.
Una vez que acabamos llegó el momento del baile, y con sorpresa descubrí que mi ataque de pánico de la tarde había carecido totalmente de sentido, porque me divertí muchísimo.
Luego Edward interpretó algunas piezas en el piano, entre ellas mi nana, la canción favorita de Esme y la que compuso para Renesmee.

– Bueno. Dijo Edward cuando acabó

– Ahora llegó el momento de ir a ver el estreno de la semana que Jazz…
– Espera papi lo interrumpió Nessy. Edward parpadeó desconcertado, y creí ver que le temblaban las rodillas cuando ella pensó lo que iba a hacer a continuación.
– La tía Rose me estuvo ayudando a componer una pequeña canción que quisiera dedicarles a ustedes– dijo mirándonos a ambos.
Lo único que atine a hacer en ese momento fue mirar a Rosalie, que muy contenta ante mi cara de asombro me guiñó un ojo, antes de que mi hija tomara de mi mano y me acercara a Edward junto al piano, para luego ocupar su asiento y comenzar su interpretación.
La melodía era suave y muy dulce. De pronto sentí esa sensación de ahogo que experimentan los de nuestra especie al no poder llorar y me escocían los ojos a pesar de no poder producir lágrimas.
Miré a Edward y vi la misma expresión en su rostro.
Nessy concluyó su canción y todos la aplaudimos fervorosamente.
Cuando nos miró, me di cuenta que tenía la vista nublada por las lágrimas de emoción.

– Gracias, es bellísima. Logró decir Edward, yo por mi parte no podía hablar, sólo me limité a abrazar fuerte a mi niña, y mi marido nos envolvió a las dos en un abrazo.
Alice retrató ese momento también en fotografías y luego fuimos a ver la película.
Para cuando terminó la niña dormía tranquilamente en el sofá.
Agradecimos a Alice por la celebración, nos despedimos de todos y fuimos a casa.
De vuelta me entretuve mirando los sueños de mi hija, donde aparecían los rostros de todos nuestros familiares y el de Jake. Edward estuvo muy tranquilo y no comentó nada sobre la visita de Nessy a la Push, por lo q deduje que ella había preferido no pensar en eso, o no demasiado, durante el festejo, tal vez porque quería que esta noche fuera sólo para nosotros.
Cuando llegamos Edward la dejó en su cuarto, mientras yo rápidamente me deshice el peinado y me quité el vestido. El hizo lo mismo al entrar al cuarto y comenzamos con nuestra rutina nocturna…

El día siguiente tuvo el mismo clima del anterior, como había predicho Alice, así que no tendríamos que hacer ningún arreglo extra para que Charlie no obtuviera “más información de la necesaria”, como había dicho.
Renesmee, al despertar, fue a nuestro cuarto y se acostó entre medio de nosotros.
Edward seguía intentando acostumbrarme a los hábitos humanos, y Nessy era de una gran ayuda, casi sin darse cuenta, porque si bien tenía más resistencia que los humanos y era inmortal, tenía algunos de esos hábitos.

Nos mostró como había compuesto nuestra canción y luego lo que había hecho la tarde anterior con Jake.
Me di cuenta de que disfrutaba mucho de estar con él como era de esperarse. Habían
visitado primero a Billy, que la trató muy bien, luego pasaron por la casa de Sue, donde cenaron con Seth y Leah. Ella trató bien a mi hija, pero trató de tomar una distancia prudente, según me dijo Edward, porque Jake se lo había ordenado expresamente, al conocer los sentimientos recelosos que aún tenía hacia mí. Mi marido se percató también de que a la chica lobo le intimidaba un poco la mirada de Nessy, al ser sus ojos tan parecidos a los míos, aunque la niña no se dio cuenta de nada.

Luego, los dos dieron una vuelta por la playa, charlando tomados de la mano, una pareja imprimada a toda regla. Edward no ocultó su cara de disgusto pero no hizo ningún comentario.
Pasamos el resto de la mañana en la casa grande, haciendo una cosa y otra con nuestros hermanos.
Rosalie prefirió salir a pasear en su BMW y Carlisle tenía que trabajar por la tarde, así que los demás nos preparamos para recibir a Charlie.
Me puse mis lentes de contacto marrones y Alice tenía ya listos unos cuantos pares más para cuando los necesitara.
Todos tomamos nuestras posiciones y como la última vez Emmett encendió el televisor y poso un canal deportivo.

Me resultaba casi cómico preparar todo de esta manera, como en una obra de teatro donde yo era la actriz principal.

Le pedimos a Nessy que hablara lo menos posible y que si era necesario, fingiera trabarse con las palabras, para que no se notara su anormal madurez.
Oímos acercarse a lo lejos al coche patrulla y comencé a llenar los pulmones de aire limpio por última vez.

– Recuerda mover los hombros como si respiraras ¿Tienes todos los movimientos? me preguntó Edward.

Asentí sin palabras y Jazper utilizó su don sobre mí.
Otra vez estaba sentada en el sofá, flanqueada por mi marido y mi hija.
Charlie aparcó y se deslizó fuera del coche, luego respiró profundamente, antes de encaminarse hacia la puerta.
Noté su nerviosismo en su forma de respirar. Llamó a la puerta y esta vez acudió Esme. Yo contuve el aliento.

– Buenas tardes, Charlie. Lo saludó.
– Buenas tardes, ¿cómo estás? respondió mi padre respetuosamente.
– Muy bien, gracias. Adelante, por favor. Dijo Esme y lo guió hacia donde esperábamos.

Charlie saludó a todos y tomó asiento.

– Pero bueno Nessy, ¡cómo has crecido! Me encogí ante el comentario.
– ¿Qué hay de nuevo, papá? Pregunté

– ¿Qué sigue ayudándote con lo de la comida?
– Si, ella siempre me acerca algo o me invita a su casa…es una buena mujer. Noté que mis sospechas sobre ellos tomaban fuerza al ver la incomodidad de Charlie. Le sonreí y cambió de tema raudamente

– ¿Y tú que me cuentas?
– Todo por aquí estuvo tranquilo, no pudimos visitarte porque Nessie estuvo un poso enferma y tuvo que estar en reposo. Pero ahora está muy bien, no te preocupes Explique.

– ¿Es cierto eso mi niña? le preguntó Charlie.
– Sí. Contestó ella y sonrió.
– Está bien. Dijo Charlie
– ¿Tuviste oportunidad de estrenar nuestro regalo de navidad? preguntó Edward.

Aproveché el momento para inspirar nuevamente y el aroma de mi padre se sintió como un mil cuchillos en mi garganta.
Jazper acudió en mi ayuda y Nessy tomó mi mano, antes de susurrar “te quiero mami”, tan bajito que solo Edward y yo la oímos. Esto me ayudó a mantener la compostura.
Charlie estaba enfrascado en una descripción de varas de sus hazañas de pesca.
– ¡Oh, no!– exclamó Emmett, sentado frente al televisor
– Los Jacksonville Jaguars pierden por una carrera.

Esto, por supuesto, atrajo la atención de mi padre que se disculpó con nosotras antes de ir a hacerle compañía, los de más se apegaron a su papel y también se sentaron frente a la TV.
– Veamos si pueden levantarse. Dijo Charlie.
– Si lo logran, tendrán muchas posibilidades de ganar el campeonato. Agregó Jazper, con entusiasmo.
– Sí. Lo sé. Dijo Charlie.
– Hombres… dijo Alice fingiendo enfado y negando con la cabeza.

Ellos se rieron.

– ¿Queréis algún bocadillo? pregunté, mientras me ponía de pie.

Mi padre pidió una bebida y los demás hicieron lo mismo.
Las tres fuimos a la cocina y regresamos con una bandeja. Alice la colocó en una mesita delante de ellos.
– Estaremos en el patio trasero, por si nos necesitan…dije y miré a Edward que me devolvió una que significaba “¡Auxilio!”

No sé cómo pero aguanté la risa hasta que estuve en el patio, Alice me acompañó y Nessy, pero Esme se contuvo.

– Daría lo que fuera por ver sus caras. Me dijo Alice
– Si hubieras visto la cara de Edward– le dije.
Nessy se había sentó en una mecedora y leía un libro de poesías.
Charlamos allí, hasta que el partido terminó.
Ya era hora de cenar, así que Charlie se despidió de todos y lo acompañé con Nessie hasta la puerta.
Cuando entré todos me esperaban y los hombres me lanzaban miradas poco amigables.
– ¡Oh, por Dios!– dijo Emmett– la cerveza es la bebida más horrible que he probado. He hizo gesto de asco antes de añadir

– Me debes una bien grande, hermanita.
– Sí, lo sé. Gracias a todos. Dije, sintiéndome culpable.
– Por nada, Bella– dijo Jazper.
Edward me tomó la mano y se acercó para besarme.
– Bueno, ¿Qué tal si ahora nos vamos a casa?
– Está bien. Dije.
Nos despedimos de los demás y partimos.

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