Capítulo  3     Alice   Decisiones y visiones

Allí estaba yo. Mirando por la ventana como el tiempo pasaba, entrando en estado de shock a cada instante, primero me veía con un grupo de personas, luego me vi matando a gente, no sabía qué era todo aquello que veía, ni tampoco podía contárselo a nadie para  que pudiesen ayudarme, estaba frustrada, y me daba pena de la gente cuando las veía muriendo entre mis brazos, siempre me duele la garganta cuando pienso en ello.

Había intentado dormir pero no lo conseguía, cada vez que cerraba los ojos tenia visiones, o alucinaciones, se agudizaban mis sentidos y volvía a dolerme la garganta.

Me daba un poco de miedo salir de aquel sitio, pero según pasaban los minutos aquello no cesaba y volvía a descontrolarme, salte enloquecida.

Estaba a punto de asaltar a una pareja cuando, me di cuenta que alguien me estaba observando, parecía inmóvil, la parejita de novios no se daba cuenta de la presencia de nosotros ya que estaban muy ocupados besándose, pero mi naturaleza salvaje me hizo correr hacia ellos para matarlos y cruelmente a él dándole un empujón y a ella dándole un beso mortal en la garganta, de mi pecho salió un gran grito hacia el hombre que estaba en el tejado. Todos mis sentidos estaban puestos en la escena, olfateaba al hombre removerse debajo de los bidones a los que le lance, y  para ella ya era demasiado tarde su corazón ya no latía entre mis manos, solté a mi presa y localice rápida mente al hombre que no era capaz de ponerse en pie, y tapándole la boca para no hacer demasiado ruido preferí romperle el cuello y luego beber hasta la última gota de su sangre.

El hombre seguía mirándome desde el tejado.¿ Acaso él era como yo? Ahora no tenía la necesidad de seguir matando a la gente de mis visiones, me daba cuenta que cada vez que tomaba alguna decisión mi futuro y las visiones cambiaban, empezaba a darme cuenta de mi condición, me vi charlando con aquella estatua, y decidí ir al tejado y ver quien se ocultaba entre la sombras.

 

 

Conseguí llegar a lo alto del tejado, parecía muy frágil incluso capaz de romperse en aquel mismo momento pero mis rápidos pies esquivaron aquel trozo en mal estado, el hombre ya no estaba allí, podía oler el aroma de aquel hombre y al revés de los chicos anteriores no me dolía la garganta, veía como saltaba de un tejado a otro y se agarraba en las ventanas para impulsarse más lejos, estaba claro que ese hombre era como yo, ya que esos saltos no los había visto en nadie más. Comencé a seguir su olor ya que tenía una gran soltura en correr ya no era capaz de verle, su olor…

Como describirlo, no olía deliciosamente, olía más a campo, y a cerezas. Era inconfundible, tenía que ver su rostro, tenía mucha curiosidad pero me vino una visión,

Vi en su rostro ojos rojos como los del mismo fuego, como los del mismo diablo, con el pelo moreno y duras facciones. Era muy apuesto y varonil. Reconocí sus ojos en los míos propios yo era como él.

 

Todo fue muy rápido, tenía que volver a concentrarme en mi búsqueda. Ya que él había desaparecido de mi vista.

Pase dos días rastreando la zona  hasta que llegue a un bosque. Allí había una casita de madera, el lugar estaba lleno del olor de ese hombre segura mente él vivía allí. Me vi. Muy segura de que podía aclararme las dudas que tuviera sobre lo que yo era y lo que me había pasado. Y decidí acercarme despacio para no ahuyentarle. Tenía que escucharme o le obligaría. Además, seria sutil, ya que me hacía mucha falta tener a un amigo el que me ayudara a adaptarme a esta vida y poder contarle mis cosas. Siempre había estado sola al menos durante las últimas semanas, y también estaba segura porque había visto que él me decía que podía contarle lo sucedido.

Estaba muy animada, diría incluso que demasiado. Ya al lado de una ventana, pude ver a lo lejos que el pulía una madera, de arriba abajo, una y otra vez, el olor de las bonitas plantas que tenía en el jardín era embriagador y perfecto, aquel lugar destilaba armonía y felicidad. Intente acercarme un poco más, para ver mejor que era lo que  hacía, y pise una rama, en aquel momento el hombre se giró y me pillo de lleno  observando. Le pille de sorpresa y escuche como me gruñía desde dentro  me enseño todos y cada uno de sus dientes, hasta que logre decir un simple.

– hola.

Me sobresalte un poco cuando me escuche la voz, ya que nunca había hablado con nadie, era graciosa parecían campanillas. Intente mostrar una gran sonrisa para que el hombre no se sintiera amenazado por mí, rápidamente salió por una puerta de madera vieja. Y me dijo:

– Lo siento me he asustado. Me llamo Oliver. Me dijo amablemente.

– Hola Oliver, me llamo…me quede pensando… y recordé lo que decía en el papel.

– Me llamo Alice! Dije al fin.

– Alice que te trae por aquí? Me dijo.

– Te vi la otra noche y decidí seguir tu olor. He tardado 2 días en encontrarte pero no me ha sido muy difícil gracias a mi sentido del olfato. Dije divertida.

– Vaya que de palabras. Entra y sigamos conversando.

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