Obedece III

Mi, ya, mujer Rosa, totalmente desnuda y con su sexo rasurado, abrió la puerta. Apenas se miraron, la hizo entrar en el salón y me fue a dar dos besos, como siempre hacíamos. Pero Rosa la paró en seco. Llevaba unos téjanos y una camiseta blanca. Se quedó callada en el medio del salón y yo observándola.

-¿Has seguido las ordenes? Le pregunto a Rosa, tapándola los ojos con un pañuelo.

– Si.

– ¿Entonces, tu amo puede pasar revista?

– Si.

– Pues entonces, ¡desnúdate!

Se notaba que estaban excitadísimas y yo tenía un bulto en el pantalón que no podía más. Por fin iba a ver desnuda, delante de mí, a mi cuñadita que tanto morbo me había creado y encima iba a disfrutar de ella cuando quisiera y con el consentimiento de mi mujer.

Se quitaba las prendas poco a poco, hasta que por fin fue completa. Intentando, quizás, taparse inconscientemente al saber que su cuñado estaba enfrente. Tapaba sus bonitas tetas y su pubis correctamente afeitado. Yo tenía los huevos a punto de reventar. Empecé a dar vueltas a su alrededor, viendo su culo, pasando mi mano por sus nalgas, sus senos y subiendo desde las rodillas hasta su sexo con la palma de la mano bien abierta. No se sostenía en pie.

Llegó Inma, la otra hermana también casada que solo se podía escapar por las mañanas. Quedó petrificada por la situación, Soraya y Rosa desnudas delante de mí y ella sabiendo que en cuestión de segundos estaría en la misma situación de sus hermanas. A Soraya la dejé con los ojos tapados sentada en una silla del salón y con las piernas bien abiertas para que de vez en cuando pudiera echar unas miraditas.

Rosa ordenó a Inma que se desnudara. Era más alta, tenía un buen culo y se había depilado pero dejando una motita de pelo tapando su raja. Le grité:

– ¡Qué estás haciendo! Poniendo cara de enfado.

– Recibirás tu primer gran castigo por eso. Sonreí con malicia.

Hice que fuese al baño con Rosa y que fuera arrancando los pelos uno a uno con las pinzas. Se me quedaron mirando.

  • ¿Qué ocurre, queréis un castigo mayor? Dije con voz sonora.
  • Y no se os ocurra aparecer por aquí con un pelo en el pubis o en el ano. Se empezaron oír grititos cada vez que Rosa, transformada en mi ejecutora, le arrancaba un pelo.

Cerré la puerta del salón y me desnudé. Me sitúe en frente de Soraya, la obligue a abrir más las piernas y pude observar que su gran excitación había humedecido el asiento.

Podía ver perfectamente su clítoris y la separación de sus labios era suficiente para apreciar la apertura de su lubrificado pubis. Ordené que se pusiera encima del sillón con el culo en pompa. Ella no tardaba en cumplir ninguna de las órdenes. En esa postura, pude observar su trasero muy limpio y muy marcado. Comencé a tocarla alrededor del ano, bajando a sus labios vaginales y separándolos. No pude aguantarlo más y la escupí en medio de su agujerito negro y acerque mi súper erecto pene. Ella empezó a quejarse, pero por cada quejido la lanzaba un azote en la nalga.

Acabó con las nalgas rojas y mi pene totalmente dentro de su culo. Sin movernos, estuve un rato apretando con las manos en sus dos preciosos senos y de vez en cuando tiraba de los pezones y ella gemía.

Lo saqué antes de correrme. La verdad que estuve a punto. Una vez con el pene más relajado, la hice sentarse y que me hiciese una felación. Hasta que le tuve que llamar la atención.

  • O me la chupas bien o te castigo.

Hacía como un gesto brusco, intentando metérsela entera en la boca. Igual tenía esa reacción por el olor a excrementos pero al fin al cabo eran suyos. Se fue relajando hasta que no pude más y me corrí en su boca, obligándola a que no derramara ni una gota. Posteriormente saqué mi famosa cámara y empecé a grabarla.

  • No me ha gustado tu mamada. Tienes que aprender y ahora, mastúrbate. Volví a ordenar.
  • ¿Cómo? Pregunto ella.
  • ¡Que te masturbes o, quizás, también te tengo que enseñar!

Empezó despacito, tan despacito que me enfadó. Fui a la cocina, abrí la nevera y cogí un calabacín y una zanahoria.

  • Muy bien, has acabado con mi paciencia. Quiero que este calabacín desaparezca en tu pubis, ósea que empieza por abrir bien las piernas.

No se dio cuenta de lo grande que era hasta que se lo di en la mano y su cara cambio. Empezó separándose los labios dejando ver su hermoso pubis rosita y brillante por la cantidad de flujo debido a su gran excitación. Empezó a meterlo y cuando iba por medio calabacín me pareció suficiente. No era cuestión de lesionarla. Le introduje despacito la zanahoria por el ano.

Fue justo en ese momento cuando entró Rosa con su hermana Inma. Esta con su pubis algo rojo y con los ojos de haber llorado se quedó mirándome el miembro como un poco asustada y, también lo hicieron, al ver a Belén abierta de piernas con ambos vegetales, en pubis y culo. Pero ninguna dijo nada y esta última estaba calladita.

Ahora le tocaba el turno a Inma. La verdad que me resultaba un poco violento, con Rosa delante, follarme a su hermana. Pero era tal el calor que había en ese salón, que nada parecía extraño. Yo me estaba recuperado aunque tenía los huevos un poco doloridos. Por lo que aproveche para imponer mis leyes y así recuperarme un poco. Lo primero la di una cachetada a Inma, recriminándola por haber sido tan descarada mirándomela polla.

– ¿Quién eres tú para mirarme el pene?

– Debes saber que tu mirada, estemos donde estemos, siempre será mirándome a los pies. Insisto que estemos donde estemos y con quien estemos.

Me giré hacia Belén diciendo:

  • Y eso también va por ti. Asintiendo ambas agachando las cabezas.
  • Estas son mis normas y atención a la que las desobedezca. No sois más que mis sumisas y como tales no os doy el derecho de mirarme. Nunca podréis llevar ropa interior en mi presencia y siempre que se me antoje podré pasaros revista. Podréis ser utilizadas expuestas, vendidas. Acudiréis cuando se os llame. Pasareis pruebas de vuestra fidelidad incluso no estando yo presente. Si estáis aquí es porque vosotras lo habéis querido y a mí no me van las marchas atrás. Bueno, ya hemos hablado suficientemente.
  • ¿Estáis de acuerdo? Pregunté, mientras ellas asintieron mirándome los pies.

Me puse a dar vueltas alrededor de Inma, sin taparle los ojos ya que su carácter siempre fue como de altiva y orgullosa, de esa manera la humillaba más. Ella, totalmente expuesta ante su cuñado tras tantos años de trato familiar. Pasé mi mano por su hermoso culo, separándole las nalgas y metiéndole el comienzo de mi dedo índice por su ano. Sus senos más grandes, aunque más caídos que los de sus hermanas, quedaron aplastados en la palma de mis manos para después estirar un poco de los pezones. Bajé bruscamente mi mano a su pubis, lo tenía mojado. Le introduje sin ningún miramiento dos dedos y entraron con suma facilidad.

Observé a Rosa como miraba a Soraya y me acordé que hacía tiempo que mi mujercita no recibía un castigo y que ya tocaba jugar con ella. Ordené que le sacara la zanahoria del culo a Soraya. Mi chica, muy obediente, se acercó a su hermana, le retiró la zanahoria del culo, quedando este muy aliviado, y me miró. Ella si podía hacerlo a la espera de nuevas órdenes.

  • ¿Qué esperas para comértela, cariño? A ti te encantan las zanahorias. Sin rechistar, hizo de tripas corazón y empezó a comerse la zanahoria.
  • Muy bien, por tu buen comportamiento tendrás un premio. Agregué.

Hice que se tumbarse en el suelo con las piernas abiertas. Antes solté a Soraya y le di la cámara para que grabara todo.

  • Ojo, no se te vaya a caer el calabacín del pubis. De lo contrario, te aseguro que te arrepentirás. Como pudo se incorporó y empezó a grabar.

A Inma la coloqué de rodillas y con la cabeza entre las piernas de su hermana Rosa.

  • Quiero que tu lengua vaya paseándose desde el clítoris de Rosa hasta entrar por sus dos agujeritos.

Ella hizo como que se levantaba. Realmente pensé en que todo se iba a terminar pero parece que se lo pensó mejor y se volvió agachar. Con su lengua fuera y, como enfadada, obligada y muy humillada, empezó a pasar su lengua por el clítoris entrando en el coño de Rosa pero evitando el ano.

Fue cuando, muy enfadado, ordené a Rosa que levantara las piernas, se cogiera las nalgas con las manos y se las separara para exponer bien su ano casi entreabierto. A Soraya le di un ultimátum. Le ordené que dedicara su lamida exclusivamente al ano de Rosa.

Inma estaba muy excitada. Le retire el calabacín y, ordenando que se colocara detrás de Soraya, se lo metiera por el pubis. Realmente no sé si fue porque es mujer y sabe cómo hacerlo o por la lubricación de Inma pero el calabacín entro rápidamente, dejando a Inma libre de funciones. Por lo que la coloqué en cuclillas, apoyada por la espalda en el sillón con su clítoris y ano encima de la cara de Rosa que, sin necesidad de decirle nada, empezó a chupar y lamer toda la zona húmeda de Inma. Cogí la cámara y las deje jugar en esta postura, grabándolo todo.

Muy excitado me coloque detrás de Soraya, retire el calabacín de manera que pudiera colocarme detrás para penetrar ese hermoso culo. Pasé varias veces del ano al pubis pero al final me corrí dentro de su culo. Fui el primero en correrme, y aproveche para hacer con la cámara tomas de cerca. Creo que Soraya se corrió varias veces. Rosa también y Inma tras la enculada quedo prácticamente agotada.

Una vez acabado fueron pasando una a una dándome un morreo y diciéndome lo encantadas que estaban de tenerme como “Amo” y, aun por todo lo que habían pasado, estaban dispuestas a todo. Les ordené que se besaran en la boca como buenas esclavas. Además de que, el lunes en su trabajo, las quería a todas sin ropa interior pero con falda, blusa y zapato de tacón. Con la condición de que cualquier persona que entrara dando una orden, tenía que ser cumplida a rajatabla y sin rechistar.

 

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